“Es importante recuperar el trabajo de maestros más o menos anónimos que han hecho grandes cosas”

Entrevista a Irene Balaguer, Francina Martí y Maria Vinuesa, tres puntales de la Associació de Mestres Rosa Sensat, sobre las necesidades actuales de los niños y niñas en nuestro país y los retos de futuro de la asociación.

Pau Rodríguez
 
 

«Rosa Sensat ha estado siempre atenta a las necesidades constantes de los niños y niñas y, por lo tanto, a la formación de los maestros que se cuidan de ellos.» Así definía el abogado y pedagogo Jordi Cots la esencia de la asociación de maestros que contribuyó a fundar 50 años atrás. Medio siglo después, conversamos con Irene Balaguer, Francina Martí y Maria Vinuesa, presidenta, secretaria y tesorera de la asociación, respectivamente. Con la conversación con estos tres puntales de la casa, con las que intentaremos aclarar cuáles son estas necesidades educativas hoy y cómo las encara Rosa Sensat, damos por empezada la publicación de El Diario de la Escuela de Verano.

¿Cuál es el legado de Rosa Sensat tras 50 años de actividad? ¿Cuál es el testigo que reciben los maestros actuales de la tarea de la asociación?

Irene Balaguer (IB): La defensa de la escuela pública vinculada a la renovación pedagógica, un amplio movimiento internacional que defiende que la escuela se aleja de la visión tradicional que la mayoría hemos vivido. Y eso aquí pasa también por la recuperación de la lengua y la cultura catalanas.

Jordi Cots decía que uno de los aspectos que más valoraba de Rosa Sensat, a su juicio, es que siempre ha identificado las necesidades de los niños y niñas en cada momento. ¿Cuáles son estas necesidades hoy?

IB: Hay unas cuantas básicas y continuas. Una que no es de ahora es que los niños y niñas sean protagonistas de la acción educativa. En cambio, un reto que sí es actual es el de incluir la gran diversidad, sobre todo cultural pero no solo eso, que se da en las escuelas. Por este motivo cuando se inició la ola migratoria pensamos que era importante viajar a países que hacía años que vivían en un contexto de multiculturalidad para ver cómo abordaban esta situación.

Francina Martí (FM): Otro reto en el mundo de hoy es el derivado de la sociedad de la información. Antes la escuela transmitía la información, pero ahora debe centrarse en dar criterios para seleccionar la información relevante: dar a niños y jóvenes la formación para que escojan, de todo lo que hay en la sociedad, lo que es relevante para ellos y puede ayudarlos a avanzar.

Esto cambia el papel del maestro.

IB: Pero es favorable al planteamiento de escuela que nosotros tenemos. El planteamiento enciclopédico, en el que había solo una verdad absoluta, debe quedar atrás. Hay un trabajo activo con los niños y niñas para que elaboren criterios para saber qué es más cercano a la verdad y qué es basura. En este sentido, hay un potencial extraordinario en las nuevas tecnologías. Si Célestin Freinet, gran maestro que incorporó la imprenta en la escuela, estuviera vivo, vería un gran potencial a los actuales canales de comunicación.

En 50 años Rosa Sensat ha recuperado modelos pedagógicos que se saben de referencia, algunos nacidos hace más de un siglo, pero aún así el paso de esta teoría a la práctica sigue chocando con grandes obstáculos. ¿Por qué?

Maria Vinuesa (MV): La verdad es que en estos momentos creemos que hay un reencuentro de muchos maestros con estas teorías. Durante muchos años se habían dejado de lado, y ahora vuelven a entrar en el seno del profesorado. Evidentemente, necesitan una actualización, una nueva interpretación de acuerdo con el momento actual, pero siguen siendo tan vigentes como años atrás.

Sois optimistas, pues. 

IB: Necesariamente. Un pesimista, ¡que se dedique a otro trabajo! ¿Por qué no se generaliza la innovación? Porque pide un cambio profundo de mentalidad, y cambiar mentalidades es de las cosas más difíciles que hay. Y hay otro elemento que comentaba Philippe Meirieu en Lyon: los que toman las decisiones educativas saben que la pedagogía activa tiene éxito, es positiva, hace personas libres que piensan por sí mismas, críticas, que trabajan en grupo, y esto para las fuerzas dominantes, que marcan los sistemas, es peligroso. El ejemplo más claro es haber tenido que aguantar al ministro Wert, que va en contra de esta educación.

MV: Ha habido grandes cambios en nuestra sociedad, y la escuela no debe ser ajena a ellos: los cambios han de entrar, pero en educación son muy lentos, porque requieren una preparación fuerte y profunda. Y si como maestro llevas una práctica de muchos años, te cuesta.

FM: Y no solo es que los maestros sean conscientes de ello, sino que los propios niños y niñas lo hacen evidente. Es insostenible que en un instituto los adolescentes se sienten en una silla de 8 a 14 h. Los maestros a veces reproducimos lo que hemos vivido, nuestra experiencia como estudiantes, pero la sociedad ha cambiado tanto que mantener una estructura tan rígida es inaguantable. Esto nos hace replantear con urgencia un cambio radical, de espacio, de tiempo, de contenidos, de todo.

Por lo tanto, ¿creéis que el profesorado también debe hacer autocrítica?

FM: El trabajo del maestro no es solitario, sino de equipo. Es todo el equipo el que tiene que cambiar. Siempre han existido los maestros estrella, más populares, pero una golondrina no hace verano. Debe ser un trabajo en equipo, y eso cuesta. Porque algunos equipos son inestables, no tienen continuidad.

MV: Yo creo mucho en la mancha de aceite. A veces te das cuenta de los cambios observando a tu compañero. Tenemos un trabajo delicadísimo, tenemos delante a niños y jóvenes, y mientras repensamos y discutimos la educación enfrente tenemos alumnos que van pasando. Hay equipos que cambian porque una, dos o tres personas han empezado a hacerlo en profundidad.

¿Cuál es el papel de Rosa Sensat en este contexto? 

IB: Lo que intentamos es trabajar en todos los frentes posibles, pero la prioridad es la formación continuada de los docentes. Para hacer llegar este mensaje de cambio al conjunto de la sociedad, en nuestro caso, nos es más fácil a través de los maestros que formamos.

MV: Ponemos al alcance de los maestros espacios de reflexión, también, para que se reúnan y se encuentren. Una de las cosas que se echan de menos en los centros son espacios de reflexión pedagógica para poder hablar de lo que verdaderamente es importante. Una de las cosas que promovemos, y los maestros lo saben, es la oferta de espacios en los que puedan venir y debatir lo que les interesa y necesitan.

Francina Martí, Irene Balaguer i Maria Vinuesa. / PABLO RAMÍREZ

Francina Martí, Irene Balaguer y Maria Vinuesa. / PABLO RAMÍREZ

Rosa Sensat se inventó la formación cuando no existía, o cuando la que había era nefasta. ¿Cuál es la importancia de la formación continua en una sociedad cada vez más cambiante como la nuestra?

IB: La formación continua es imprescindible. Por eso nuestro trabajo es tan atractivo, porque siempre hay novedades, transformaciones sociales, cuestiones por plantearse, tanto desde el punto de vista pedagógico como desde el didáctico o social. Uno de los defectos que tenemos es que vamos un poco demasiado adelante, pero siempre debe haber alguien que abra camino.

Otro de los factores clave para el éxito educativo es la implicación de las familias. ¿Cómo valoráis su peso en los centros?

FM: Hemos ido haciendo la ley del péndulo. Había cierta participación directa que ahora ha dado un paso atrás, pensando por ejemplo en los consejos escolares, que la LOMCE desprecia. La sociedad tira adelante, y la normativa, atrás. Pero lo que cuenta es la voluntad de las familias. Crear este vínculo de confianza no es fácil, pero cuando se consigue realmente se ayuda al niño a crecer.

MV: Las familias están cada vez más interesadas en la educación. Se preocupan y tienen muchas ganas de participar, pero hay un gran camino por recorrer. La participación en la escuela es todavía muy epidérmica, pero es que partimos de donde partimos.

IB: Y debe ser una participación real en la toma de decisiones, no solo organizando fiestecillas.

MV: Ayudar a montar disfraces está muy bien, y es una parte de la participación, pero participar debe ser algo más real. Y aquí nos dejaríamos la participación de los niños y niñas, en la cual estamos en pañales.

¿Por qué?

MV: Hay muy poca. De entrada, en Primaria los niños y niñas no pueden ni participar en el consejo escolar … En los institutos sí, pero la participación de los niños en la vida y en el día a día de la escuela es muy residual. Debería –y esto nosotros, que estamos en la Mesa para la Infancia y la Adolescencia, lo pedimos– defenderse su derecho a participar en todo aquello que les afecta.

IB: Muchos pedagogos de principios del siglo XX se anticiparon ya a la Convención de los Derechos del Niño, de 20 de noviembre de 1989, una ley mundial que nos obliga, entre otras cosas, a escuchar y respetar a los niños y niñas. Desgraciadamente, no lo hemos aprendido, todavía. Los maestros que consideran a los niños y niñas como protagonistas sí les escuchan, pero en determinadas decisiones de carácter general de la escuela no se les permite exponer su opinión.

Otro papel de Rosa Sensat que no querría olvidar es el de recuperación de la memoria histórica, en este caso pedagógica. En los primeros años de su fundación se intentó desenterrar el trabajo hecho durante la Segunda República. ¿Aún queda trabajo por hacer?

IB: En pedagogía es importante recuperar a los grandes pensadores, pero también a los maestros más o menos anónimos que han hecho grandes cosas. Esta mirada a la memoria nos sirve para mirar adelante. Y no se trata de repetir el pensamiento o la acción de aquellos maestros, porque el contexto es otro, afortunadamente, sino de inspirarnos en ellos.

FM: Es importante que este conocimiento recuperado no forme parte de una vitrina de museo, sino que lo incorporemos a la práctica diaria. Es el gran reto. Las generaciones pasan, y a menudo entre los maestros observamos cierto desconocimiento de pedagogos y prácticas educativas realmente innovadoras de hace más de 100 años. Esto como institución nos preocupa. Incluso a veces se presentan prácticas como innovadoras cuando ya están inventadas hace tiempo. Los maestros tenemos que hacer las cosas sabiendo por qué las hacemos, no solo porque es tendencia o moda, sino con fundamentos.

Para terminar, pongámonos futuristas. Rosa Sensat cumple 100 años. ¿Qué os gustaría que la asociación no perdiera? ¿Qué esencia del proyecto querríais que se mantuviera invariable?

IB: Las cuestiones de fondo pueden seguir siendo las mismas. Delors planteó los cuatro pilares de una educación para el siglo XXI: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Pues es eso. Cambiarán los instrumentos y los espacios –¡esperemos!–, pero lo esencial no se va a perder. Los cambios que vivirán los que llegarán a los 100 años de Rosa Sensat serán fantásticos, y no debemos ser dogmáticos, debemos estar abiertos y ver qué es fundamental para que las personas puedan pensar por sí mismas y ser libres.

Instant de l'entrevista / PABLO RAMÍREZ

Instante de la entrevista / PABLO RAMÍREZ

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