Un recorrido por 50 años de las escuelas de verano de Rosa Sensat

Miquel Martí i Pol, en la Escuela de Verano de 1992. / ARCHIVO ROSA SENSAT Un 15 de julio de 1966, 153 maestros se reunían en Barcelona, en la Escuela Nuestra Señora de Lourdes, para retomar una tradición pedagógica que se había visto truncada con la Guerra Civil y el régimen franquista. La nueva escuela de verano nacía en unas circunstancias sociopolíticas bien diferentes de las anteriores de la Mancomunidad y la Segunda República. Lo hacía en una clandestinidad tolerada (o ignorada) por la administración, y gracias al apoyo de la madre María Raimunda, directora de la escuela de las madres filipenses. La conferencia inaugural era de lujo, del maestro Alexandre Galí, que explicó a las maestras «su» escuela de verano, la que comenzó en 1914, y que dijo con una voz temblorosa: «Ahora ya me puedo morir, habéis hecho una Escuela de Verano que se parece a la nuestra como un huevo a otro huevo.» Una de las 153 maestras asistentes a aquella primera escuela, Maria Rúbies, explicaba en 1969 en El Diario de la Escuela cómo vivió la experiencia: «Alguien me dijo que ese año habría una escuela de verano para maestros en Barcelona. Acudí a para ver si [...]

Jordi Ferré
 
 
Miquel Martí Pol, a l'Escola d'Estiu de 1992. / ARXIU ROSA SENSAT

Miquel Martí i Pol, en la Escuela de Verano de 1992. / ARCHIVO ROSA SENSAT

Un 15 de julio de 1966, 153 maestros se reunían en Barcelona, en la Escuela Nuestra Señora de Lourdes, para retomar una tradición pedagógica que se había visto truncada con la Guerra Civil y el régimen franquista.

La nueva escuela de verano nacía en unas circunstancias sociopolíticas bien diferentes de las anteriores de la Mancomunidad y la Segunda República. Lo hacía en una clandestinidad tolerada (o ignorada) por la administración, y gracias al apoyo de la madre María Raimunda, directora de la escuela de las madres filipenses. La conferencia inaugural era de lujo, del maestro Alexandre Galí, que explicó a las maestras «su» escuela de verano, la que comenzó en 1914, y que dijo con una voz temblorosa: «Ahora ya me puedo morir, habéis hecho una Escuela de Verano que se parece a la nuestra como un huevo a otro huevo.»

Una de las 153 maestras asistentes a aquella primera escuela, Maria Rúbies, explicaba en 1969 en El Diario de la Escuela cómo vivió la experiencia: «Alguien me dijo que ese año habría una escuela de verano para maestros en Barcelona. Acudí a para ver si encontraba un ambiente distinto al que me había tocado vivir. Y resultó que encontré más cosas. Fue especialmente reconfortante el encuentro con personas que trataban los problemas de la enseñanza de acuerdo con la propia experiencia, y no con teorías secas aprendidas en los libros. Pero el impacto más fuerte me lo produjo el encuentro con el catalán, empleado con normalidad.»

Las dos siguientes escuelas de verano se hicieron en la escuela Betània-Patmos y se les da el nombre de Artur Martorell, a la de 1967, y Pompeu Fabra, en 1968. Una escuela de verano, esta última, que como no podía ser de otra manera recogía la ola fresca y revolucionaria del mayo del 68. Un año después, la escuela de 1969 se dedica a la memoria de Alexandre Galí, y se organizan dos actividades pensadas por el arquitecto David Mackay, muerto en noviembre de 2014, que fueron muy sonadas, no solo por la numerosa participación, sino también por el nerviosismo que crearon entre las autoridades gubernativas, y que motivaron una petición de explicaciones por parte del gobernador civil de Barcelona.

Grup de Treball a l'Escola d'Estiu de 1968, a Patmos-Betània / ARXIU ROSA SENSAT

Grupo de Trabajo en la Escuela de Verano de 1968, en Patmos-Betània / ARCHIVO ROSA SENSAT

Las actividades eran el «Teach in», una especie de debate abierto sobre temas polémicos, como la muerte de Dios, la sociedad de consumo, la rebelión de los jóvenes, etc., y «Zoom», una exposición abierta y participativa sobre la cultura catalana en el siglo XX. También el 1969 es la escuela en la que se publica el primer diario de la escuela de verano, una tradición que ha llegado hasta nuestros días.

La escuela de 1972 es donde se pasa definitivamente de la situación de semiclandestinidad vivida hasta entonces a una cierta normalización, ya que por primera vez se anuncia a través de la prensa. En la escuela participan destacadas personalidades, como el profesor José Luis Aranguren, que da una conferencia sobre «la educación del futuro», y Manuel Vázquez Montalbán, que habla sobre los medios de comunicación.

Mientras tanto, en algún lugar de la escuela Betània-Patmos, donde ese año se vuelve a celebrar la escuela de verano, al mediodía se puede disfrutar del canto coral con Oriol Martorell, del canto de un grupo de maestros animados por Xesco Boix… y de un concierto de Ovidi Montllor.

Ovidi Montllor, a l'Escola d'Estiu de 1972

Ovidi Montllor, en la Escuela de Verano de 1972 / ARCHIVO ROSA SENSAT

La escuela de 1975, pocos meses antes de la muerte del dictador, se celebra en medio de una gran efervescencia política, tal como ya sucedió en el año anterior. Participan 2.850 personas, y un millar de maestros se quedan sin plaza por falta de espacio. La Escola del Bosc, donde se hace este año, resulta insuficiente para acoger a todos los participantes, que vienen a escuchar a Antoni Maria Badia i Margarit, Joan Triadú, Maria Aurèlia Capmany, Ramon Margalef, Ignasi Riera, Ernest Lluch, y las conferencias del tema general sobre «La alternativa democrática al sistema escolar actual», a partir de las cuales se redacta la declaración «Por una nueva escuela pública», donde se aboga porque el derecho a la educación se haga realmente efectivo «no solo en igualdad de condiciones, sino de forma que compense las dificultades culturales, producto de las diferencias socioeconómicas». En la declaración se concibe la escuela como un servicio público fundamental, adecuado a las características específicas de la sociedad, gratuito, plural, ligado a la comunidad y democrático.

El 3 de marzo de 1976, en Vitoria-Gasteiz y en el transcurso de una jornada de huelga, cinco trabajadores murieron asesinados y ciento cincuenta resultaron heridos por los disparos de la policía. Cuatro meses después, el 7 de julio a las ocho de la tarde, Lluís Llach estreno la canción Campanades a morts en la 10ª Escuela de Verano, en un concierto multitudinario en el campus de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona.

Esta es la escuela que dobla casi el número de cursos, y que se hace por primera vez en un recinto universitario, en la Facultad de Filosofía y en la Escuela de Bellas Artes Sant Jordi. Destacan las conferencias del pensador francés Althusser, que habla sobre la izquierda en Europa, y del pedagogo italiano Mario Lodi; también tienen lugar los homenajes a Federico García Lorca, organizado por el grupo de maestros de Andalucía; a Miguel Hernández y a los maestros de la República, presidido por una mesa de quince de estos maestros, entre los que se cuentan Angeleta Ferrer y Pau Vila.

Escola d'Estiu de 1977, amb els candidats de les primeres eleccions generals: Josep Laporte, Jordi Solé Tura, Lluís M.Xirinacs, Joan Reventós, Jaume Sobrequés, Eulàlia Vintró, Marta Mata, Ramon Moragas / ARXIU ROSA SENSAT

Escuela de Verano de 1977, con los candidatos de las primeras elecciones generales: Josep Laporte, Jordi Solé Tura, Lluís M. Xirinacs, Joan Reventós, Jaume Sobrequés, Eulàlia Vintró, Marta Mata, Ramon Moragas / ARCHIVO ROSA SENSAT

La Escuela de Verano de 1977 se celebra dos semanas después de las primeras elecciones democráticas en cuarenta años, y por ello se invita a todos los parlamentarios electos catalanes, muchos de los cuales profesores de anteriores escuelas de verano. Son tiempos de esperanza para poder construir una nueva escuela, pública, participativa y democrática, y por eso esta escuela tiene la participación más alta hasta la fecha en una escuela de verano, con cerca de nueve mil personas matriculadas; el número de cursos se dobla, y se trasladan al Campus de la Universidad Autónoma de Barcelona, en Bellaterra.

En este breve recorrido por la historia de las escuelas de verano debemos detenernos en el año 1992, el de los Juegos Olímpicos de Barcelona, a los que obviamente no podía faltar alguna referencia. Así, el primer día de escuela a las nueve de la mañana tiene lugar una marcha inaugural con el título «Do(s)cents Me(s)tres», que quería ser una parodia a medio camino entre el olimpismo y la enseñanza, y que terminó con la cantata profana El maestro de escuela, de Georg Philipp Telemann, a cargo de la Joven Orquesta de Figueres. También, el primer día se hace una performance plástica con alambres, vendas de yeso, madera y otros materiales en torno a los Juegos Olímpicos para dar la bienvenida a los participantes, tal como ya se había empezado a hacer el año anterior.

Pero, aparte del olimpismo, esta edición de la Escuela de Verano destaca por el homenaje que se hace al poeta Miquel Martí i Pol, que asiste a la escuela, así como por la presencia del profesor de sociología de la educación de la Universidad de Madison Philip Rogers, que aporta un análisis de los maestros de EEUU. Tampoco se olvidan otros temas de resonancia mundial, como la Cumbre de la Tierra, en el Foro Global de Río de Janeiro, o el drama de la guerra de Bosnia.

Cues per assistir a l'Escola d'Estiu de 1980 / ARXIU ROSA SENSAT

Colas para asistir a la Escuela de Verano de 1980 / ARCHIVO ROSA SENSAT

Dando un salto de trece años llegamos al 2005, a la 40ª Escuela de Verano, una efeméride que se celebró de una forma especial, como en esta edición de 2015, con la aprobación de la declaración «Por una nueva educación pública», un compromiso para trabajar juntos con el objetivo de mejorar la educación y «fortalecer los derechos de los niños y jóvenes como ciudadanos».

Es una declaración de diez puntos, que este año 2015 se quiere actualizar, y que propone que la «nueva educación pública» es la educación de la libertad y que tiene una responsabilidad pública, que se fundamenta en una imagen positiva del niño como persona activa desde el nacimiento, como un ciudadano con un lugar en la sociedad, un protagonista sujeto de derechos a quien la sociedad debe respetar y apoyar. Reconoce también la diversidad de familias, su responsabilidad fundamental y su papel en la educación de los niños y niñas, de la misma forma que reconoce todos los contextos que influyen en la vida y, por lo tanto, en la educación de los niños y jóvenes.

La declaración exige una nueva concepción de la escuela como espacio público integral de encuentro, y de la educación como un proceso de construcción de conocimiento, valores e identidad. Esta nueva concepción de la escuela y la educación pide un compromiso potente de los educadores como acompañantes de los niños y jóvenes en todo el proceso educativo, y organiza los contenidos a partir de lo que es absolutamente necesario para ejercer la ciudadanía. Los contenidos no pueden ser evaluados como hasta entonces; al contrario, la nueva educación pública reconoce que toda evaluación está sujeta a valores y la considera un proceso continuado de participación, entendida esta como un valor esencial, la expresión democrática de una responsabilidad colectiva y un interés público que incluye a la comunidad entera en cada uno de los niveles.

Els set fundadors de Rosa Sensat: Pere Darder, Marta Mata, Maria Antònia Canals, Maria Teresa Codina, Jordi Cots /  ARXIU ROSA SENSAT

Seis de los fundadores de Rosa Sensat: Pere Darder, Marta Mata, Maria Antònia Canals, Maria Teresa Codina, Anna Maria Roig y Enric Lluch. Falta Jordi Cots / ARCHIVO ROSA SENSAT

Texto extraído del libro «40 anys. Dies i camins de les escoles d’estiu de Rosa Sensat», de Joaquim Farré, Pere Fortuny, Concepció Martínez y Pepa Òdena

Leave a comment

L'adreça electrònica no es publicarà.


*