«El poder siempre va a acusar a la escuela de adoctrinadora porque quiere tener la exclusiva de la manipulación de los ciudadanos»

Julio Rogero es maestro de educación primaria y miembro activo del colectivo Escuela Abierta, perteneciente a los Movimientos de Renovación Pedagógica. También ha sido director del Centro de Profesores de Getafe. Durante más de 40 años no ha dejado de luchar por la dignidad del profesorado, del alumnado y por una escuela pública humana y de calidad.

Clara Sedano
 
 
 

Foto: Camila Arigón

¿Cómo describiría el panorama que muestra hoy en día la escuela pública española?

Es una respuesta compleja. Aunque no es igual en todos sitios, sí que hay una misma concepción en torno al concepto de escuela pública. En España, es de bastante calidad, a la altura de otros muchos países. Otra cosa es si asociamos la calidad de la escuela pública con los resultados que aparecen en las pruebas internacionales, que, a mi modo de ver, se usan para desprestigiar a la escuela de titularidad pública.

En los últimos años, la incidencia de la crisis ha sido grande y se ha usado para debilitar explícitamente a la escuela pública que queremos construir desde el movimiento de transformación de la educación. Las mismas leyes, como la LOMCE, debilitan y eliminan lo positivo que tiene la escuela pública, como garantizar el derecho de todos a la educación. En España, por ejemplo, se envían recursos que deberían estar destinados a la escuela pública a las privadas y concertadas, así se perjudica a los más desfavorecidos, que son los que van a la pública. En este sentido, la escuela pública en nuestro país tiene que dar un giro.

Entonces, ¿la escuela pública actual perjudica a los más desfavorecidos en vez de ayudarlos?

No, al contrario. El concepto de escuela pública beneficia a los desfavorecidos porque es su espacio, donde concretan el derecho a la educación. Otra cosa es que la escuela de titularidad pública que tenemos hoy en día –que no es por la que luchamos y que queremos– tenga muchos defectos, carencias, y que debería ayudar a los más desfavorecidos y sin embargo los suspende, los expulsa y los pone en una situación de inferioridad a la hora de vivir.

La escuela pública debe volcarse en los alumnos y sacar todo lo que tienen de bueno, independientemente de su estrato social. Bajo mi punto de vista, la escuela pública es de superior calidad que la concertada y la privada, sencillamente porque en ella están todos. En cambio, en la privada solo están los que pueden pagarla, los seleccionados para estar allí. En estos casos, son las escuelas las que seleccionan al alumnado y no el alumnado el que selecciona a las escuelas.

¿Para usted en qué país deberíamos reflejarnos?

Yo pienso que ese es uno de los mitos que son intransferibles. Podemos decir: ¡Finlandia, nuestro modelo! Yo creo que no es posible: Finlandia en el año 1905 no tenía analfabetos y España tenía un 70%, son realidades muy diferentes que no se pueden comparar. España tiene que elaborar su propio camino y hay un movimiento en este país que plantea una escuela pública diferente, con el objetivo de que sea potente, de gran calidad y que dé respuesta a toda la ciudadanía. Esta es una tarea que ni en las políticas educativas del ministerio ni en las consejerías de educación tienen clara, es por eso que se mantiene un determinado modelo de escuela pública, porque la clase media-alta no quiere que sus hijos se contaminen con los que ellos consideran inferiores. Por ello, desde las políticas educativas se debería hacer más esfuerzo para favorecer, apoyar y dirigir los recursos al espacio público.

Según dice, vivimos en una sociedad cada vez más capitalista y basada en la economía del beneficio. ¿Qué papel juega entonces la escuela? ¿Es también un negocio?

Claro. En el momento en que se establecen las redes privada-concertada y pública es porque se entiende que en el ámbito educativo hay un negocio. Cuando surge la escuela concertada lo hace como una subsidiaria de la pública porque en aquel momento el Estado no tenía recursos para abastecer una escuela pública que pudiera responder a la universalidad de la educación. Sin embargo, la escuela concertada se ha ido asentando y absorbiendo recursos que se han detraído del espacio público.

El objetivo al que quiere llegar el sistema establecido actual es que la educación sea un espacio de negocio. Hace veinte años la Organización Mundial del Comercio ya calculó que el nicho de negocio de la educación estaba alrededor de los 2 billones de euros, ahora el cálculo es que está entre los 7 y los 8 billones.

El empresariado y la economía quieren aprovecharse de ese espacio de negocio. El problema es que muchas veces, y desde hace tiempo, el desprestigio de lo público es algo programado y organizado para decir que la escuela de titularidad pública es de inferior calidad y que para obtener la excelencia hay que estar en el ámbito privado. Son gravísimas todas las políticas de desestructuración y desmontaje de lo poco que se había conseguido en el espacio público en muchos ámbitos. Ahora se quiere convertir todo en una empresa.

Frente a esta situación cada vez más competitiva y que busca ciudadanos empleables, ¿con qué valores estamos educando a los niños y niñas?

Las escuelas responden a los planes educativos, siguen todas las normativas y leyes, y de esta manera forman alumnos competitivos, que buscan el éxito personal y que trabajan desde el individualismo feroz.

Al fin y al cabo, la filosofía dominante en este espacio es: tú eres el responsable de tu éxito, por tanto, esfuérzate y si fracasas es que no te has esforzado lo suficiente. Muchas veces se culpabiliza al sujeto con una culpa que no tiene. El tema es cómo hacemos que la escuela pública dedique sus energías a una concepción educativa diferente basada en sus derechos.

Hay que cambiar radicalmente las políticas educativas, no pueden seguir sosteniendo una escuela que excluye y segrega

¿Y cómo se hace eso?

Hay que cambiar radicalmente las políticas educativas, no pueden seguir sosteniendo una escuela que excluye y segrega. Son necesarios más recursos, un modelo inclusivo y de equidad creciente. Con los recursos que tiene hoy en día el Estado ya lo pueden hacer, pero no quieren.

Podemos analizar países de nuestro entorno como Francia, que tiene solo un 10% de escuela privada, o Finlandia, que solo tiene un 1%. Entonces nos surge el interrogante: ¿por qué nuestro país tiene tanto fracaso escolar? ¿Quizá porque hay escuela privada? Pero no, directamente se afirma que es porque hay escuela pública de mala calidad. Entonces, adelante, privaticémoslo todo.

Si en otros países es al revés, ¿por qué no damos un giro y situamos a la escuela pública en el centro del sistema educativo español? Debemos caminar hacia el modelo que defendemos: una escuela pública democrática, científica, laica, cooperadora, inclusiva, que ama la vida, etc. No hay necesidad de competir, debemos ir hacia la cooperación y el aprendizaje colectivo e individual que respete los procesos de cada uno.

Como usted ha dicho en el Tema General de la Escuela de Verano de Rosa Sensat, el poder no quiere que la escuela se entrometa en la política. En el caso de Cataluña, ¿cómo deben seguir educando los maestros después de que muchos hayan sido interpelados por instancias judiciales o acusados de adoctrinamiento?

Yo no soy quién para decir cómo tienen que educar, pero creo que si defendemos una escuela que sirva y forme parte de la vida debe ser un espacio abierto donde todos los problemas que hay en la sociedad entren y sean tratados críticamente. Eso implica respeto, diálogo, intentando que el alumnado tenga criterios propios y los elabore de forma compartida y reflexiva. Y eso no es manipular.

Siempre que la escuela y los docentes traten un problema serán acusados de adoctrinadores. En ningún programa educativo o libro de texto viene estipulado que se hable del 1-O, de la guerra de Irak o de los refugiados, sin embargo, los problemas más dramáticos y sangrantes de la sociedad tienen que ser conocidos por el alumnado. Y eso no es manipulación, ni adoctrinamiento.

¿Y qué sería adoctrinamiento escolar?

Tratar solo temas del programa que no tienen nada que decir al ser humano que se educa, nada que decir en el aprendizaje de la vida, eso es manipulación y adoctrinamiento. El poder siempre va a acusar a la escuela de adoctrinadora y política porque quiere tener la exclusiva de la manipulación de los ciudadanos.

Las acusaciones de adoctrinamiento son muy interesadas, yo lo veo así, porque conozco la gran diversidad que hay en la escuela catalana. Muchos docentes a los que se les acusa de adoctrinamiento precisamente no están en esta línea, sino que lo que quieren es que cada alumno sea el dueño de su propio pensamiento.

Para usted la escuela de hoy en día no favorece la igualdad de oportunidades. ¿Cómo pueden conseguir el éxito escolar alumnos que no parten de las mismas condiciones sociales?

¿Dónde situamos el éxito escolar? Si lo situamos en los excelentes y el referente son los alumnos que aprenden el currículo oficial de forma que en todas las asignaturas tienen un diez, ese no es mi referente de éxito. Ahora, si situamos el éxito en el desarrollo pleno de las capacidades y habilidades de cada uno, es posible que ese éxito se alcance en los que tienen límites de tipo mental, físico o de origen. Construir una escuela que responda a la equidad y a la inclusión en esta perspectiva educativa requiere recursos, medios, apoyos y un respeto profundo al ser de cada uno.

La igualdad de oportunidades es el respeto profundo a la identidad y singularidad de cada uno y no solo el respeto irracional a las asignaturas

¿Y cuál debe ser el éxito de la escuela?

Para mí está en respetar las singularidades de cada uno y los procesos de aprendizaje. El problema es que la escuela pone a todos en el mismo punto de partida creyendo que hay igualdad de oportunidades y eso es mentira: no existe, y además en este momento es imposible.

La igualdad de oportunidades es el respeto profundo a la identidad y singularidad de cada uno y no solo el respeto irracional a las asignaturas. Para eso, hay que desescolarizar la escuela del academicismo dominante, de las evaluaciones numéricas y de los exámenes continuos que están haciendo que un gran número de alumnos fracase.

¿Cómo haría entonces la evaluación?

Primero, no la haría a través de exámenes –eso no quiere decir que alguna vez haya que hacer alguno–. Segundo, no puede ser siempre del profesor al alumno, ni de los padres a los hijos, de la autoridad a la no autoridad, porque evaluar no es más que ir incorporando procesos de reflexión compartida sobre el camino que uno lleva y ha hecho. Y «compartida» quiere decir que el profesor da su opinión sobre mí y yo sobre él y que mi familia también tiene algo que decir de cómo he actuado. Es una concepción totalmente diferente a la actual, donde todos pedimos ser evaluados y sacar las mejores notas para poder competir con los demás.

Entonces, ¿la competitividad es negativa?

La competitividad suele excluir y devorar, por lo menos dentro del sistema capitalista, que está formado para explotar a la gente y sacar el máximo beneficio. En cambio, la competición no sería mala en una concepción de vida democrática y respetuosa, donde no significara la humillación y exclusión del otro.

La figura de los docentes, sobre todo en edades más avanzadas, pierde protagonismo y no se les valora el trabajo. ¿Cómo cree usted que pueden recuperar la preponderancia e importancia que realmente tienen?

En esta sociedad la figura del docente está desprestigiada porque está situada en una posición de autoridad impuesta. Hay que reformular toda la función docente, y el maestro debe ser una presencia activa del desarrollo humano, un acompañamiento que educa, en definitiva, un aprendiente permanente. Y debe tener claro que el alumno en muchas cosas sabe más que él y que sus experiencias vitales pueden enriquecerle como las suyas al alumno.

¿Cómo puede ser la educación crítica si, como usted dice, el mismo docente es acrítico, sumiso al poder y a lo impuesto?

Eso se construye en la propia formación: hay que cambiar la universidad, los procesos de formación permanente, hay que generar espacios de trabajo en equipo donde el diálogo y la puesta en común nos ayuden a cambiar. El problema es que la planificación del sistema educativo hace que esto sea imposible porque se llena al profesor de burocracia, se le carga de excesivo número de alumnos, etc. Entonces, ese desprestigio del docente es muy injusto. Debemos elaborar estrategias y caminos para ir en otra dirección, y uno de los problemas hoy en día es que no sabemos en qué dirección vamos.

Necesitamos una escuela inclusiva, que no suspenda, sino que garantice el éxito de todos

Usted habla de la sociedad de las mentes dispersas. ¿Cómo educar y llamar la atención de jóvenes cada vez más pasivos, desinteresados y desmotivados?

No es sencillo y yo no tengo respuestas, aunque hay docentes que ya lo están consiguiendo. Esto requiere un conocimiento muy exhaustivo de las culturas, de las vidas de los adolescentes, jóvenes, niños, y muchas veces los ignoramos. Nuestra mirada no está en ellos, está en los libros de texto, en los programas o en los exámenes que tenemos que hacer.

Al final, nuestra mirada está puesta en programas que no tienen ningún proyecto detrás, que solo están hechos para separar y que nos hacen creer que somos mejores que los demás. De todos modos, romper con estas dinámicas es cuestión de generaciones.

¿Se puede trabajar de forma realmente diferente o el sistema educativo tradicional está muy arraigado?

Está muy arraigado y nos tiene a todos seducidos, pero se puede trabajar. De hecho, ya hay muchos docentes y familias que apoyan el trabajo de una forma diferente. Debemos definir la dirección del sistema educativo, los fines, para qué educamos, para quién educamos, cuál es el papel del alumnado, etc.

Por último, ¿qué modelo propone usted para que la educación pública sea diferente, más integrativa, con otros valores y donde los alumnos no sean solo un número, un expediente académico y máquinas de memorizar?

Seguimos manteniendo el modelo catolicista de los años setenta, por eso hoy es necesario volver a repensar lo público, lo colectivo y lo común. Una escuela que haga al alumnado y a la comunidad educativa protagonistas de su vivir en el espacio escolar, una escuela más democrática y no más autoritaria. Cada vez hay más desconexión entre familias, profesorado y alumnado.

Necesitamos una escuela laica que respete las identidades y las creencias de cada uno profundamente donde todos puedan convivir. Una escuela inclusiva, que no suspenda, sino que garantice el éxito de todos. Una escuela pacífica y pacificadora que enseñe a convivir democráticamente en ese respeto. Una escuela de valores positivos sustentada en el desarrollo universal.

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